Mamá

Aquel título premonitorio do libro que estaba no mueble do comedor mira que había libros pero levo unhas semanas que só me acordo deste

mira que había libros porque viñan do Círculo de Lectores e os tiñamos todos; porén, só me ven este á memoria que tiña unha carátula negra e en letras doradas poñía “Nadie debería morir”.

E de súpeto invádeme a pena. A nostalxia, a morriña, a melancolía. Polo que non está, polos que non están. Polo que se foi e non vai volver. Enchénseme os ollos de bágoas que non explotan. Cárgaseme a fronte con pensamentos escuros. Cárganseme os ombreiros, o pescozo. O día.

Xa nada vai volver ser igual.

Así é como cambia o mundo.

Home is where your heart is?

Somos historias facendo Historia

historias de vida, recorridos que conflúen e transforman

moitos sonámbulos miramos ao ceo e preguntamos:

hai algo máis grande que nos envolve agarimosamente ou só hai materia que permanece inerte?

O universo baila, canta, rima. Con todos nós. Algúns queremos volver a casa, outros non sabemos onde quedou esa casa, ou non entendimos aínda que engloba a palabra casa.

Outros imos polo camiño máis longo e non sabemos moi ben por que.

Outros perdimos o camiño e deambulamos perdidos. Aínda que “non todos os que deambulan están perdidos”.

Aprendizaxes. Experiencias. Tomar consciencia do que somos, do que nos rodea, do que sucede. Con curiosidade, alentando o entendemento.

Somos historias, recorridos, unha suma de pequenas catástrofes e ledicias: todo iso vai facendo camiño.

Importa a viaxe ou importa o destino? O destino será a consecuencia ou a causa, o motivo?

Cal é a casa? E se sempre estivemos nela?

Cando o descubrimos estamos ante a Gran Aprendizaxe.

Cal é a túa casa? Está onde está o teu corazón ou onde está a túa atención?

A escola de Atenas, Rafael (1510)

Apocalipse

Follas no pelo crespo apurando as migas de pan cos dedos

Queres bicar ao heroe? Ou prefires sentar a soas nas escaleiras da Quintana?

Fume negro no ceo, presaxios de estampidas de xente polos tuneis.

Correde, correde, pechade as portas!

Temos que movernos, imaxinas poder subir alí arriba? Un imperio lonxe da Terra, imaxinas?

Corre, ven onde min, traerei auga. Collereite no colo, cantarei un poema. Que non veñan por nós primeiro.

Que non carguen as armas contra a xente viva. Que se cumplan os miragres biolóxicos.

Que poidamos vivir na paz que nunca tivemos.

Despedida

Un sombreiro na cabeza con flores marchitas asumindo o encontro

pensando poesía poetúa poemiña

versando o descalabro que non había de vir nunca

ou igual si pero que importa

fáiseme raro verme tan distinta e ver aos demáis tan iguais

coa pioga xunguindo a loucura

fáiseme raro falar coas nenas amigas

que xa non son nenas nin son amigas

reproduccións a escala

mutacións

pero elas non son

que non me enganen:

xa non estamos

amargados encontros e desencontros

frívolos choques de mans

amigos atrapados no tempo

canto vos quixen!

Despedida

Un sombrero en la cabeza con flores marchitas asumiendo el encuentro

pensando poesía poetuya poemía

versando el descalabro que no iba a venir nunca

o qizá sí pero qué importa

me resulta extraño raro verme tan distinta y ver a los demás tan iguales

con la correa sujetando la locura

me resulta extraño hablar con las niñas amigas

que ya no son niñas ni son amigas

reproducciones a escala

mutaciones

pero ellas no son

que no me engañen:

ya no estamos

amargados encuentros y desencuentros

frívolos choques de manos

amigos atrapados en el tiempo

¡cuánto os quise!

Johannes Vermeer, el artista tras la joven de la perla en 5 ...
La joven de la perla
Pintura de Johannes Vermeer

La pandemia de la esclavitud

Me dice “escribe” como si fuera una orden o quizá una sugerencia. Van casi 20 días y empiezo ahora a ser capaz de encarar el pánico.

Todo empezó antes de aquel viernes 13, ironías del destino, maldita película que vi demasiado joven y me sacó el sueño demasiado pronto. Todo empezó unas semanas antes pero quién imaginaba que la catástrofe llegaría tan alto y tan lejos.

La pandemia de la esclavitud la bauticé porque nunca la historia presenció una humanidad tan sometida a sus propios individuos autoerigidos como líderes empresariales, políticos, sindicales.

Todos rendidos al poder del dinero por encima de la salud.

La pandemia de la esclavitud, voluntaria, aceptada a ciegas, anteponiendo el trabajo sin protección adecuada a la posibilidad de enfermar tú y pasárselo a los tuyos mientras los jefes te teledirigen desde el jardín de sus chalets en urbanizaciones privadas.

Y por encima de estos problemas mundanos, tan de la carne mugrienta, del materialismo exacerbado, se elevan los grandes profesionales que nos han dejado con la boca abierta y el corazón en un puño. Todo el personal sanitario, desinteresado, haciendo lo que mejor saben hacer: salvar vidas.

La gente salió a los balcones a aplaudirles y poco a poco se fueron sumando otros sectores pero ninguno si os fijáis, ninguno de nosotros aplaude por un solo político, no lo merecen, están ahí puestos para empeorar nuestras vidas y alimentar nuestros odios.

Esa semana, la del viernes 13, qué locura de semana, exámenes de evaluación de todas las etapas educativas, adultos, prensenciales, distancia, coles, institutos, la gente colapsando los centros y nadie parecía darse cuenta de nada, un poco sí pero con risa nerviosa a medida que pasaban los días.

Solo la mujer de la limpieza aparecía con mascarilla el martes y por fuera decíamos qué exageración pero por dentro pensábamos joder qué cague.

Qué cague, sí, ahora a toro pasado es fácil arrepentirse, repasar lo hecho, lo tocado, las personas que vimos, con quien nos saludamos, cuántas veces usamos el trasnporte público, quien tosió en el trabajo aquella tarde en la que llega el cambio de turno avisando de que hay un caso en Navantia.

Al poco otro en una escuela, llama mi sobrina que una en Ares, la madre del amigo de Oleiros, el centro cívico de Feáns en Coruña, empieza la locura, la gente asustada no se le ocurre otra cosa que congregarse en los supermercados a cargarse de papel higiénico.

Y los jefes reunidos, reunidos para qué, para nada, para hacernos pasar el fin de semana en el limbo del desconocimiento, de la angustia, del terror por si tengo que ir a trabajar el lunes.

Feijoo declara ese viernes 13, maldito como decía, el estado de emergencia sanitaria. Empiezan los rumores, el gobierno va a declarar el estado de alarma, eso qué es, no suena bien… arden los wasaps, memes, bromas, por fin vale para algo haber estudiado la Constitución para las opos, en el fondo de todo un poso de acojone nivel dios.

Y no lo sabían, y les pilla por sorpresa. Lo sabía hasta Iker Jiménez, por favor. Tenía más datos que los sabios iluminatis de los gobiernos varios, estudiados, los departamentos de prevención de riesgos, los entendidos en gestiones de catástrofes humanitarias y de todo tipo, ¿dónde estaban cuando China ponía en cuarentena a sus ciudadanos?

En los jardines de sus chalets relajados viviendo una vida paralela a la de las personas reales que estamos en la calle todos los días peleando para salir adelante. Ser profesional está demasiado infravalorado y es en estos momentos cuando sale toda la mierda a la luz.

La pandemia de la esclavitud. La que nos viene encima.

No pasa nada. La abrazaremos gustosos con nuestro carácter bonachón desde el piso de 60 metros cuadrados que aún debemos al banco.

COnVIDa

De súpeto cambiou o mundo. Detívose a vida, as fiestras enchéronse de caras de pánico que miraban a rúa baleira.

O apocalipse levaba a VIDa no seu nome, fumos quen de velo?

Os gobernos pelexaban en diatribas políticas con decisións de pouca altura e fondo calado, a xente nas fiestras. Nos hospitais, nos supermercados. Nos autobuses indo a traballar co medo na médula.

A miña mente cavila. Voltas concéntricas, lembranzas saturadas de cando foi a última vez que.

E logo o que virá. Escoller os xestos fermosos por encima dos egoístas opacos. Difícil tarefa.

Escoller o amor por riba do odio. Exercicio de autocontrol por permanecer humana.

Escoller o amor. O amor en tempos de pandemia.

COnVIDa

De repente cambió el mundo. La vida se detuvo, las ventanas se llenaron de caras de pánico que miraban a la calle vacía.

El apocalipsis llevaba la vida en su nombre, ¿seremos capaces de verlo?

Los gobiernos peleaban en diatribas políticas con decisiones de poca altura y hondo calado, la gente en las ventanas. En los hospitales, en los supermercados. En los autobuses yendo a trabajar con el miedo en la médula.

Mi mente cavila. Vueltas concéntricas, recuerdos saturados de cuándo fue la última vez que.

Y después qué vendrá. Escoger los gestos hermosos por encima de los egoístas opacos. Difícil tarea.

Escoger el amor por encima del odio. Ejercicio de autocontrol por permanecer humana.

Escoger el amor. El amor en tiempos de pandemia.

PD: “Convida” é unha forma do verbo “convidar” en galego, que significa “invitar”. Convidémonos ao amor. Convidémonos á VIDA.